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 U352 el “Uboot maldito” 
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Kaleun
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Nota U352 el “Uboot maldito”
Hola!

Os pongo la traducción que he hecho de un capítulo entero del libro "Torpedo Junction" de Homer H.Hickam, Jr.
Alguna vez en este foro os he comentado la funesta historia del U352. Tras leer su ficha y el texto siguiente, seguramente estaréis completamente de acuerdo con mis palabras.

El texto es muy extenso pero vale la pena....

Nota:
Al ser una traducción de una obra, no puedo crear un artículo para la web, pero si puedo publicarlo en el foro, indicando la fuente original.




U352 el “Uboot maldito”

La mañana del 4 de abril de 1942, el Kapitänleutnant Hellmut Rathke ordenaba a su tripulación soltar amarras. Siguiendo las órdenes de zarpar, los hombres ocuparían sus puestos y el U352 empezaría a cruzar el puerto de St.Nazaire. Ninguna banda de música rompía la paz que reinaba en una ciudad envuelta de neblina. Los tiempos en que todos los uboot eran despedidos al ritmo de música militar y jaleos de compañeros de fatigas habían quedado atrás. En la actualidad cuanto menos se supiera de la partida de lo sumergibles, mucho mejor. Demasiados uboot eran aniquilados por los aviones y destructores enemigos que, parecían saber siempre donde encontrarlos. El KL.Rathke estaba contento por dejar la ciudad. Las fuerzas de ocupación alemanas estaban crispadas y el ambiente en St.Nazaire era muy tenso. Sólo una semana antes, un raid aéreo británico había atacado las instalaciones del puerto, aniquilando la paz reinante de ese idílico puerto francés.
Una vez el U352 abandonó la protección del puerto de St.Nazaire, la atención de Rathke se centró en su misión y en las órdenes dadas por Döenitz. En su primera patrulla de combate el U352, un sumergible del tipo VIIc, al mando de Rathke estuvo cinco semanas en la zona de Islandia. Realizó dos ataques, en uno de ellos lanzaría una salva de cuatro torpedos hacia un destructor británico, ninguno de ellos alcanzaría su objetivo. Quizás los torpedos eran defectuosos o habían sido saboteados de algún modo. Fuese lo que fuera, Rathke no tenía ninguna confianza en los torpedos que portaba.

Si alguien vio la partida del U352, se habría dado cuenta de la mancha negra existente en la torreta del U352. Rathke había ordenado tapar el escudo de armas de la ciudad de Flensburg que apadrinaba al sumergible. En esa ciudad costera vivían su mujer y su pequeña hija. Sería maravilloso poder volver a verlas. Rathke conocía los éxitos logrados por los uboot enviados a las aguas costeras norteamericanas y se sentía con la obligación de seguir cosechando éxitos, para la madre patria y para su carrera. Pero, ¿lograría hacerlo? Nunca se había sentido tan presionado.
Tras llegar a alta mar sin novedad, Rathke mantuvo al U352 navegando en la superficie y ordenó “langsame Fahrt” (avante lento), para cruzar el atlántico ahorrando el máximo de combustible posible, cada gota era necesaria. Cuanto más combustible ahorraran, más tiempo podrían permanecer en aguas norteamericanas.

En el otro lado del atlántico, el Cutter de la USCG “Icarus” continuaba su constante, aunque infructuosa, patrulla antisubmarina en aguas costeras, de Nueva York hasta Atlantic City. Tal era la frustración entre la tripulación del Icarus, que quemaban energía limpiando una y otra vez el armamento, engrasándolo, para de esta manera estar mejor preparados. El Icarus era el gemelo del Dione y del Calypso. El Icarus estaba artillado en la zona de proa con varios lanzadores de cargas, un cañón lanza cargas del “tipo Y” (de la primera guerra mundial) y dos ametralladoras del calibre .50 de la casa Browning refrigeradas por agua. En la zona de popa, había dos ametralladoras más de calibre .50 y un cañón de 3 pulgadas. En el puente disponía de dos ametralladoras Lewis de calibre .30. Asimismo, en el armero había dos pistolas de calibre 45, dos ametralladoras Thompson, varios fusiles Springfields de calibre .30 y un buen número de granadas de mano. Los artilleros llevaban ya casi un año sin realizar ejercicios de tiro. Aunque la guerra había finalizado con las restricciones de munición, el comandante de la nave, el Lieutenant Maurice D.Jester no los permitía.
El Lieutenant Jester era como un enigma para la joven tripulación del Icarus. Nativo de Chincoreteague en Virginia, Jester había ingresado en la guardia costera como surfman en 1917, poco a poco Jester fue ascendiendo hasta que en 1941 sería comisionado. En esa época tomaría el mando del Icarus, a los 52 años de edad. La tripulación respetaba su experiencia en el mar pero era severo y distante con la tripulación. El único contacto personal con la tripulación era a la hora de servirle el café o a causa de alguna infracción.
A finales de Abril el Icarus recibiría nuevas órdenes. Debía dirigirse hacia Key West, Florida, para formar parte de la escolta de los recién creados, por el almirante Andrews, sistemas de convoys. Estas órdenes no fueron recibidas de igual manera por la tripulación del Icarus. Durante muchos años el puerto base del Icarus había sido el pueblo de Stapleton en Staten Island, parte de la tripulación se había establecido en ese lugar y algunos habían formado familia. Todos los permisos fueron cancelados y a primera hora del día 8 de Mayo el Icarus zarparía, Key West se encontraba bastante lejos.

El U352 llegaría a lo que Rathke consideraba aguas norteamericanas, a unos cientos de millas de New Jersey, la mañana del día 2 de Mayo. La travesía del atlántico había durado cuatro semanas y Rathke había intentado que fuera lo más amena posible para la joven tripulación del U352. La mayoría de ellos tenía una edad de 20 años y diez de ellos apenas llegaban a los 19. Unos pocos eran marineros profesionales y Rathke sabía que los podía utilizar para adiestrar al resto. Se simularon ataques varios, tanto en superficie como en inmersión, aleatoriamente se ordenaban inmersiones de emergencia y se cronometraba el tiempo que tardaba el uboot en sumergirse y en que todos estuvieran en sus puestos de combate. También se practicaban evacuaciones. Al recibir la orden de abandonar la nave, los hombres debían ponerse sus chalecos salvavidas, sus equipos de respiración autónoma y estar preparados para escapar. Por la escotilla de la torreta, sólo podía pasar un hombre a la vez, por lo tanto la velocidad y el orden era prioritario. Las otras escotillas de la cubierta, la de la cocina y las de carga de torpedos, no podían ser utilizadas. Estas, en caso de una evacuación de emergencia, por ejemplo en un ataque, se encontrarían bajo el agua.
Para suavizar los ejercicios, Rathke permitía a sus muchachos tomar el sol, por poco tiempo, y en grupos de tres o cuatro. Siempre que se encontraran en medio del océano y fuera del radio de acción de la aviación enemiga. Al acercarse el U352 a Norteamérica, Rathke permitió al radiotelegrafista sintonizar algún programa de música de Jazz norteamericana, aunque, el la considerara decadente. El U352 se acercaba a Cape Hatteras y Rathke estaba muy satisfecho de la actitud y de la moral de la tripulación. El U352 permanecería en la superficie y patrullar en búsqueda de objetivos hacia el sur. Si lo que se comentaba era cierto, pronto empezarían a hundir buques enemigos. Antes de llegar muy lejos, el U352 empezaría una larga sucesión de inmersiones de emergencia a causa de la constante presencia de patrullas aéreas. Ninguno de los informes aportados por los comandantes que ya habían estado en esa zona indicaba la presencia de aviación enemiga. ¿Sabían los americanos que el U352 se encontraba en la zona? ¿Era una trampa?. Las preocupaciones de Rathke aumentaban.
El día 5 de Mayo, Rathke dirigió al U352 hacia la nueva zona de caza, aproximadamente a 300 millas de Cape Hatteras. Había sido informado de una nueva zona donde los buques enemigos habían desviado su ruta y esperaba tener suerte. Siguiendo las recomendaciones del propio Doenitz, Rathke permanecería sumergido la mayor parte del día y emergería al anochecer. Entonces, esperaría pacientemente bajo una brillante luna. Alas 2100 sería alertado del avistamiento de un carguero de tamaño medio que se dirigía hacia el norte a una velocidad de unos 8 nudos. El mercante, tras consultar con los libros, era el “Freden” de nacionalidad sueca. El buque no navegaba en zig-zag y Rathke solo debía esperar a que el buque cruzara por delante de su proa. Esto ocurriría a las 2130, el U352 lanzaría su primer torpedo.
En el Freden había dos vigías de guardia. El que se encontraba a estribor, avistaría al torpedo y rápidamente daría la señal de alarma. Era demasiado tarde para que el timonel pudiera virar pero el torpedo no alcanzó al mercante, pasando muy a proa del mismo. Unos cinco minutos más tarde Rathke se daba cuenta del error e intentaría de nuevo el ataque.
A bordo del Freden reinaba una atmósfera cercana al pánico. Toda la tripulación se encontraba en cubierta, preparada para abandonar la nave a la primera oportunidad. A las 2200 Rathke estaba de nuevo preparado, cuidadosamente hizo los cálculos y lanzaría su segundo torpedo. Los tripulantes del Freden que se encontraban en la banda de estribor empezaron a gritar al ver un torpedo dirigirse a toda velocidad, esta vez si, directo hacia ellos. Todos esperaban el impacto pero este no se produjo. El torpedo pasaría muy por debajo de la quilla del Freden.
Para la tripulación del Freden, definitivamente era el momento de abandonar el buque y alejarse de allí. El Freden pararía máquina y se arriaría un bote. Mientras la tripulación empezaba a abandonar al Freden, su capitán tuvo una corazonada. A pesar de todo el mercante estaba en perfecto estado. ¿No estarían más seguros a bordo?, la costa se encontraba demasiado lejos y había muchas historias de botes navegando a la deriva durante semanas antes de ser rescatados, si es que eso ocurría. El capitán dio la orden de regresar. Las calderas del Freden serían reavivadas y el mercante pondría rumbo norte de nuevo.
Rathke empezaría la persecución del Freden, pero en el intervalo en que el mercante se detenía, que la tripulación lo abandonaba y poco después lo abordaba de nuevo, perdió la pista del mismo. Tras una breve búsqueda sin resultado, Rathke ordenó continuar hacia el Norte. Unas horas más tarde los vigías del U352 avistarían de nuevo al Freden, esta vez se encontraba detrás del sumergible. Rathke viraría y de nuevo realizaría los cálculos, ajustando correctamente la profundidad del torpedo. La posición era la idónea ¿qué podía salir mal?.
La tripulación del Fredem se encontraba en la cubierta, todos ellos escrutinando el mar en busca del sumergible o de un nuevo torpedo. Una vez más se dio la alarma, esta vez fue la “guardia” de babor. Un torpedo se dirigía hacia ellos saltando literalmente sobre el mar. Hubo varios comentarios acerca de la inteligencia del comandante que los estaba atacando. No había duda que los tenía en su punto de mira, pero definitivamente tenía serios problemas para alcanzarlos.
Obviamente el torpedo no tenía problemas con la profundidad, el torpedo saltaba rompiendo la superficie como un delfín. De nuevo el torpedo esquivaría por muy poco la proa del mercante escandinavo. Esto era la gota que colmaba el vaso para los suecos. Estaban siendo atacados por el comandante de uboot más inepto de todo el atlántico, pero más tarde o más pronto lograría alcanzarlos. La tripulación del Fredem podía ver perfectamente al uboot, navegando en la superficie y a sus vigías en la torreta. El capitán del Fredem dio de nuevo la orden de abandonar la nave pero antes de hacerlo viró para alejarse de la zona. Rathke pensó que el mercante iniciaba la huida a toda máquina y que no lo alcanzaría y entonces ordenó inmersión abortando el ataque. Rathke estaba tan deprimido que seguramente se olvidó del cañón de cubierta del U352. Simplemente posaría al U352 en el fondo a la espera de un nuevo, y mejor, día.
Mientras el U352 se alejaba, el Fredem se detendría del todo y su tripulación lo abandonaría a bordo de dos botes. Tras unas horas derivando sin rumbo fijo, los suecos pensaron que se les venía encima una auténtica pesadilla antes de que fueran rescatados. Al amanecer, por sorpresa de todos, avistaron al Freden a unos cientos de metros de ellos. El resto del océano estaba vacio. A las 0830 reabordaron al mercante y pusieron rumbo a Nueva York. Su aventura fue calificada de increíble por los oficiales de inteligencia naval que los interrogaron al llegar a puerto.

Casi a la misma hora que los suecos, a unas millas del U352, abordaban por segunda vez al Freden, el U352 emergía. Rathke y los vigías subían a la torreta y empezaban a escudriñar el horizonte. Casi inmediatamente uno de los vigías gritó. Rathke dirigió sus prismáticos a la posición indicada. A unos 200 metros de altura y a unas 4 millas de distancia un avión bimotor se dirigía a gran velocidad hacia ellos. Rathke dio la voz de alarma ya tras cerrar la escotilla cayó desde una altura de unos 4 metros al interior del sumergible dañándose una rodilla que ya tenía muy tocada a causa de un accidente de ski unos años antes. Mientras Rathke chillaba de dolor el U352 iniciaba el descenso a las profundidades.
Los segundos parecían minutos. Finalmente el U352 se había sumergido. Rathke permanecía de pie, con los dientes apretados aguantándose el dolor. Todo el mundo esperaba las cargas de profundidad pero estas no aparecieron. Tras una hora el U352 emergería. No había nada a la vista.
Durante las siguientes jornadas el U352 patrullaría muy cerca de la costa, atacando a tres mercantes sin lograr impacto alguno. El día 7 de Mayo, un avión que apareció de pronto, les sorprendería de nuevo. El U352 todavía estaba sumergiéndose cuando las cargas empezaron a estallar. No hubo daños graves pero Rathke tenía la moral por los suelos, no podía fallar de nuevo. ¿Qué pensarían de él el resto de comandantes?, ¿y Doenitz? Su suerte debía cambiar y había que hacer algo pronto.
Rathke decidió dirigirse a la zona de los veinte metros, a la altura de Cape Lookout, donde Hardegen (U123) había obtenido grandes resultados en los primeros días de la campaña norteamericana. Rathke había oído que los americanos habían empezado a utilizar el sistema de convoyes, pero lo más importante era que en esa zona encontraría buques. El U352 permanecería en la superficie dos noches sin avistar nada.
El día 9 de mayo por la tarde, Rathke tomaría la decisión de romper la orden de atacar sólo de noche y emergería. Inmediatamente los vigías informarían del avistamiento de unos mástiles en el horizonte. Rathke ordenaría inmersión y se dirigiría hacia el objetivo. A lo mejor, finalmente, su suerte había cambiado. Rathke se acomodaría en el periscopio de ataque, había que hundir a ese barco, le daba igual el libro de identificación de buques. Daría la orden de inundar dos de los tubos lanzatorpedos de proa y lanzó una salva.
A causa de la súbita pérdida de sustentación el U352 empezaría a emerger de proa. El “Erster Wachofficier” Leutnant Josef Erns dio la órdenes para ajustar el trimado del sumergible, esta maniobra fue muy brusca y Rathke perdería la visión de su objetivo al sumergirse el periscopio. De pronto el U352 recibiría la vibración (onda expansiva) y el rumor de una explosión lejana. Rathke dio la orden de volver a nivelar a profundidad de periscopio para poder ver si habían alcanzado al objetivo o no. Lo que pensaban que era un pequeño mercante, era en realidad el Cutter de la guardia costera USC.Icarus.

La tripulación del Icarus se sentía desamparada. Allí donde se dirigían no era su hogar, eran intrusos. Cuando el oficial de comunicaciones, Charles Pool, mando un mensaje al sexto districto naval indicando que ya habían entrado en su nueva zona de operaciones, la respuesta fue un frío “recibido”. Esta no era la primera nota de hostilidad, poco antes, cerca de la costa de Virginia, el Icarus avistaría a un convoy y a un destructor de escolta que llevaban rumbo norte. El oficial del puente ordenó acercarse a ver si reconocían a alguno de los buques. Inmediatamente el destructor de escolta se cruzo a la proa del Icarus y le ordeno de malas maneras que volviera a su rumbo original. El Icarus se marchó de la zona con la cola entre las piernas. Poco después avistaría a otro convoy, al sur de Wimble Shoals, pero ya habían aprendido la lección.
El artillero John Bruce había pasado la mayor parte del día realizando labores rutinarias en le buque. También había revisado el armamento a su cargo y estaba seguro que se encontraba en perfecto estado y preparado para ser utilizado. Esperaba tener oportunidad para probarlo, pero la misma no se presentaba y las prácticas de tiro habían sido anuladas. No podía entender la prohibición de hacer prácticas de tiro, el Icarus se encontraba en la mayor zona de caza de los u-boat en toda la costa este. ¿Por qué no podían practicar con sus armas?. Alguna vez había pensado quejarse a un oficial pero sabía que eso solo le traería problemas.
El día era muy caluroso, y al atardecer, con la mar en calma, la tripulación se reunió espontáneamente en cubierta, a tomar la fresca brisa y a hablar de sus cosas. Sobretodo de que se encontrarían en Key West. Poco a poco se apagaban los ruidos a bordo, solo quedaba el murmullo de los dos motores diésel “Winton”.

A las 1615, el Lieutenent Edward D.Howard, como oficial al mando, se encontraba en el puente. El Lieutenent Jester se había retirado a su camarote. Howard mantuvo el rumbo y una velocidad de 14 nudos. En la sala de escucha, el radioperador William L.Rabich se apretujaba los auriculares con la esperanza de captar algo. Por encima del ruido de fondo de pronto oiría algo fuera de lo normal. Inmediatamente avisaría al marinero Santiago Quiñones (NT. Quinones en el original) y le puso el sonido. Quiñones daría el aviso a Howard, indicándole que un sumergible se encontraba cerca, probablemente a no más de 100 yardas (90 metros).
Howard consideró la posibilidad de declarar el zafarrancho de combate pero dio el aviso a Jester, pero no lo hizo. Howard le dijo a Quiñones que continuara a la escucha. Otro radioperador, Arthur Laskowski, se uniría en la tarea a Rabich y a Quiñones. Estaban más seguros que nunca de que lo que oían era un sumergible. No podían entender por que el Icarus no tomaba, por lo menos, medidas evasivas. El contacto empezaba a desvanecerse, Quiñones lo situaba a unas 2.000 yardas (unos 1.800 metros) a proa por la banda de babor. A las 1625 el contacto de pronto aumentaría. El Icarus continuaba navegando recto. El Lieutenent Howard esperaba estar totalmente seguros de su objetivo. No quería malgastar mas cargas de profundidad. Sabía que tendría de dar muchas explicaciones a Jester si lo hacía.

A las 1629, diez minutos más tarde del primer contacto realizado por Rabich, Jester todavía no se encontraba en el puente.

Quiñones estaba totalmente seguro de que el contacto era un sumergible y que, navegaba paralelo al Icarus, probablemente intentando adelantarlos para realizar un ataque. En el mismo momento que Quiñones cogía el teléfono para avisar al puente una terrible explosión sacudiría al Icarus. Quiñones estaba todavía tambaleándose por la explosión cuando supo que lo que había temido estaba ocurriendo.
En una cubierta inferior, John Bruce se encontraba en su litera cuando sintió la sacudida. Parecía que el Icarus había embarrancado. Varios objetos cayeron por al suelo y las luces parpadearon. Bruce ya se encontraba de camino a la cubierta antes de que se declarara el zafarrancho de combate. Una vez en la cubierta vio un enorme remolino de espuma y fango a unas 200 yardas a babor.

El Liutenant Howar trataba de mantener la calma en el puente mientras analizaba la situación. Sospechaba que un torpedo lanzado hacia el Icarus había fallado al golpear el fondo y estallar. Quizás el sistema de profundidad del torpedo no había funcionado correctamente. En ese caso, tanto el Icarus como Howard habían estado de suerte ya que no se había tomado medida alguna a la espera de la llegada de Jester. Por lo que Quiñones decía, el uboot se encontraba por la banda de babor y se lo comunicó a Jester una vez el oficial apareció en el puente. Jester fue tajante. El inmediatamente ordenó al Icarus virar hacia babor y dio el aviso al jefe de máquinas (Henry Cookson) que permaneciera en la sala de máquinas junto a su dotación. Debían estar preparados ante la posibilidad de que las cargas de profundidad, al estallar en aguas poco profundas, sacudieran drásticamente tanto hombres como máquinas.

Cuando el periscopio del U352 rompió de nuevo la superficie, el Kapitänleutnant Hellmut Rathke espera avistar a un buque ardiendo. Con gran estupor lo que diviso fue un mar revuelto y a un buque caza submarinos que maniobraba a toda máquina en frente suya. Tras comprobar la situación, lo mejor que podía hacer el U352 era sumergirse y huir de la zona. ¿Pero que hacer?, la zona era poco profunda, lo que limitaba la maniobrabilidad y sus opciones. Rathke tenía que pensar rápido, ¿Qué hubiera hecho otro comandante en una situación como esa?. La idea inicial de Rathke era la de intentar situar al U352 a popa del buque enemigo, para tratar de camuflarse en su estela pero entonces, recordó la zona de mar alborotada y fangosa que había visto por el periscopio. El torpedo que habían lanzado lo había causado. ¿Cuál era el mejor lugar para esconderse? Estaba muy claro, incluso para Rathke.
El U352 se dirigió hacia la zona turbia y se posó en el fondo donde la proa se hundió en el fango removido por el torpedo. Rathke ordenó silencio total. Su idea era permanecer en el fondo a la espera que el caza submarinos se alejara y entonces llevar al U352 a cota periscópica para atacarlo o, emerger y atacarlo con el cañón de cubierta. Rathke tenía confianza en si mismo. El buque enemigo era un pequeño Cutter, no un destructor. El U352 era un uboot del tipo VIIc, probablemente la arma más mortífera que había actualmente en el mar. Rathke creía que podía destruir a su adversario.

Eran las 1630, sólo habían pasado ocho minutos desde que el torpedo lanzado desde el U352 detonara, y el Icarus ya estaba preparado para atacar. Todos sus hombres se encontraban en sus puestos de combate. El Liutenant Jester indicó el rumbo a seguir y Howard vio que el Icarus se dirigía directo hacia la zona de aguas fangosas. Sin duda se trataba de un buen lugar donde iniciar el ataque. A unas 180 yardas del fango el operador del sonar perdió el contacto con el objetivo. Jester calculo mentalmente el intervalo de las cargas y ordenó lanzar cinco cargas siguiendo un patrón de lanzamiento en forma de diamante. En primer lugar se lanzó una carga desde la proa, seguidamente dos desde la “Y-Gun” y otra desde la proa y, seguidamente otra más desde la proa. Las cargas se hundieron en la fangosa agua. Estaban ajustadas para estallar a los 100 pies de profundidad (unos 30 metros). Tras el lanzamiento Jester ordenó un brusco giró.
La tripulación del U352 escuchó las hélices del Icarus y se agacharon al sentir que se dirigía directo hacia ellos. Rathke escuchaba con mucha intención, tratando de averiguar la maniobra y el rumbo del buque enemigo para, emerger por sorpresa y cañonearlo. En el exterior, la primera carga estallaría justo encima del cañón de cubierta, otras dos cayeron a ambos lados de la torreta. Una cuarta estalló sobre de la sala de motores diésel. La quinta, y última, estallaría a unos 50 yardas a popa del U352.
El Icarus sufrió la sacudida de las cargas de quilla a perilla. Los fusibles saltaron y varias planchas del suelo se levantaron. La dotación de las sala de máquinas se agarraron donde pudieron y tras las explosiones se dirigieron a toda prisa a comprobar los daños.
A bordo del U352 todos los indicadores de la sala de control y de la torreta explotaron. Sus cristales, hechos añicos, surcaron el aire. El Leutnent Ernst se golpeo con la cabeza violentamente contra un panel de control cayendo sin sentido en el suelo. Las luces parpadearon y de pronto, se apagaron. Rathke, poco a poco empezó a moverse en medio de una neblina, logró ponerse en pie agarrándose a los restos del periscopio. El suelo de la sala de control estaba salpicado de sangre. Poco a poco empezaron a encenderse las luces de emergencia aunque la luz que producían era mortecina. Rathke vio a Ernst, su cráneo estaba aplastado, estaba muerto. Rathke sintió como su estómago se revolvía. Tras un instante recuperó el control de si mismo y solicitó un informe de daños a la sala de motores. ¿Podrían moverse?. La respuesta fue negativa. Los dos motores eléctricos habían saltado de sus anclajes aunque uno de ellos funcionaba esporádicamente.
Rathke analizó la situación. Su segundo estaba muerto, la mayoría de instrumentos no funcionaban o estaban destruidos y el U352 no podía moverse bajo el agua. Quizás los americanos no sabían que los habían alcanzado. Quizás si permanecía en silencio podrían sobrevivir. Lo que Rathke no sabía, lo que sus instrumentos no indicaban, era que el U352 se estaba moviendo. Las explosiones de las cargas habían arrancado el cañón de cubierta y gran parte de la torreta. El U352, con la pérdida de peso, ganó flotabilidad y navegaba a la deriva, con la proa apuntando a la superficie y la popa, de vez en cuando, tocaba el fondo de blanca arena, hacia el Oeste.

A bordo del Icarus, los operadores del sonar sabían, por los ruidos que escuchaban que el sumergible se estaba moviendo, aunque muy lentamente. Pasaron la información al puente. Jester empezó a navegar en círculos, acercándose cada vez más hacia el contacto. Varias veces pasó por encima de su objetivo para determinar con precisión su posición. Entonces, a las 1645 ordenó un segundo ataque. Las cargas se lanzarían a su orden.

El U352 estaba condenado. Sus tripulantes o estaban sentados o tumbados. El único sonido que se escuchaba eran los jadeos y el agua que entraba a través de uno de los lanzatorpedos de proa. Cuando el agua empezó a entrar con más fuerza, uno de los que estaban en la sala de torpedos empezó a chillar. Rathke dio el aviso de que lo hicieran callar. El Obermaschinist Grandke apareció desde la sala de motores y pidió permiso para intentar reparar el motor eléctrico que no estaba destruido. Rathke y Grandke no se conocían mucho. Grandke era mayor que él y procedía de otro uboot, siendo esta su primera patrulla en el U352. Parecía que Grandke replicaba constantemente las órdenes dadas por Rathke. Rathke mando callar a Grandke poniéndolo los dedos sobre los labios. Todavía podían oir a los americanos encima de ellos. No habían atacado en los 25 últimos minutos. El U352 podría escapar si se mantenía indetectado. De pronto, los motores del Icarus empezaron a rugir.
El Icarus había estado buscando, marcando posiciones y ya estaba preparado para realizar un segundo ataque. Jester dio la orden y se lanzaron varias cargas siguiendo un patrón en forma de “V”, una desde la proa y dos desde los cañones “Y”. La primera carga estalló en la proa del U352, las otras dos, una a cada banda.
Las cargas sacudieron al U352 como si de un puñetazo se tratara. El uboot giró sobre su quilla quedando recostado, por su banda de babor, sobre el fondo. Uno de los tanques de lastre había reventado. Rathke solicitó un informe de daños. El casco de presión estaba rajado y no creían que pudiera resistir un nuevo ataque. El Icarus de vuelta de su última pasada, pronto les dio la respuesta. Una sola carga fue lanzada sobre el rastro de burbujas que estaba dejando el tanque rajado. A la 1508 se repitió el ataque, aunque la carga no alcanzó al U352 Rathke ordenó a sus hombres que se pusieran sus equipos de supervivencia, ordenó soplar todos los tanques y que la dotación del cañón de cubierta se preparara para el ataque. El U352 empezaba a emerger.
El Icarus se estaba preparando para un nuevo ataque. Las dotaciones de las armas artilleras estaban en primera línea, como unos espectadores, y sin nada que hacer. Incluso, durante el ataque, un avión se acercó a la zona y preguntó si necesitaban ayuda. La tripulación del Icarus saludó efusivamente al avión y volvieron rápidamente a sus posiciones.
En el puente, el Lieutenant Howard fue el primero en ver señales del U352. A unas mil yardas a estribor, una enorme burbuja de aire afloraría dejando un rastro de espuma. Howard creyó ver una sombra oscura y en el momento que avisaba a Jester la proa del U352 rompía la superficie. Eran las 1709 horas. La proa, en un ángulo de unos 45 grados emergió hasta que apareció la torreta del uboot. Inmediatamente el u352 cayó sobre la proa hundiéndose unos ocho pies. No se dio orden alguna a los artilleros, pero los que se encontraban el la banda de estribor y en el puente abrieron fuego. Jester no dio la orden de cesar el fuego, pensaba que si la tripulación del U352 llegaba a cubierta, los harían añicos con el cañón.
Rathke abrió la escotilla de la torreta y el panorama que vio era desolador. La torreta era poco más que un montón de hierros retorcidos. A pesar de todo el U352 seguía a flote aunque no sabía por cuanto tiempo. Rathke lanzó los libros de claves por la borda y dio la orden de abandonar la nave. Entonces Rathke pensó que a lo mejor era posible huir utilizando los motores diésel, la idea era una locura. Rathke volvió al interior del U352 para ayudar en la evacuación.
A medida que la tripulación salía del U352 era inmediatamente barrida por el fuego de ametralladora del Icarus. Rathke ignoró este hecho ya que pensaba que dejarían de disparar al ver que abandonaban la nave.
El Icarus maniobró para poder cañonear al U352. El primer proyectil cayó corto por delante de la torreta del U352 y el segundo cayó largo a popa. El tercero alcanzó de lleno la torreta del U352.
El Maschinistmaat Gerhard Reussel estaba saliendo de la torreta en el momento del impacto, saldría despedido por los aires, sufrió una grave herida al perder una de sus piernas. Rathke ordenó a los pocos que quedaban en el interior que abandonaran el uboot pero el ingeniero jefe (Leitender Ingenieur), el Oberleutnant Heinz Tretz, desobedeció la orden y volvería al interior para asegurar que las cargas de demolición habían sido activadas. Rathke le gritó que saliera pero no obtuvo respuesta. Rathke fue tras él pero a los pocos metros el sumergible cabeceó. El U352 se hundía. En medio de un intenso cañoneo, Rathke lograría salir de la torreta y saltar al mar.

A bordo del Icarus había un gran estado de excitación, el cañón de 3 pulgadas disparaba tan rápido que varias veces tuvo que parar por falta de munición. Todas las armas de abordo disparaban contra el U352. Un artillero, que manejaba un calibre .50, estaba tan ansioso que alcanzó un mamparo del mismo Icarus que se interpuso en su punto de mira. El artillero John Bruce iba de pieza en pieza, solucionando problemas y armas atascadas. De pronto una de las ametralladoras del puente se encasquilló y su artillero pidió ayuda. John Bruce estaba de camino cuando el artillero empezó a desmontar el arma cayendo varias piezas por la cubierta. Desde esa posición elevada Bruce tuvo una completa visión del U352. Podía ver perfectamente las trazadoras impactar en el sumergible, lo que le impresionó fue la evacuación del mismo en medio de tal intenso castigo. También le pareció que los tripulantes del sumergible eran muy pequeños, quizás eran Japoneses!.
Los tripulantes del U352 intentaban alejarse lo más rápido del sumergible. Rathke buscaba con la mirada a Reussel y lo encontró flotando en medio de una mancha de sangre. Al llegar a él intentó hacer un torniquete en lo que le quedaba de la pierna. Rathke levantó la mirada y vio al U352 desaparecer para siempre. Gritó pidiendo coraje a sus hombres pero el Icarus no cesaba el fuego. Rathke chilló a los americanos para que pararan, que tuvieran clemencia (Kamerade, Mein Gott…Bitte!) Rathke estaba seguro de haber oído a los americanos contestar con un megáfono “Malditos alemanes iros al infierno!”.
John Bruce vio al U352 desaparecer bajo las aguas. Desde su posición vio que los artilleros continuaban disparando. “Por Dios” no les disparéis, están en el agua! Gritó.
La artillería de proa se detuvo pero la de popa continuaba ametrallando a los supervivientes. Uno de los tripulantes, totalmente enloquecido le gritó a Bruce: “Tu estás mal de la cabeza”.
Bruce estaba desolado y empezó a recoger los cargadores vacíos de la cubierta.
Habían pasado tres minutos desde que el U352 había desparecido antes de que Jester diera la orden de cesar el fuego. Eran las 1717. El operador del sonar todavía recibía contactos del sumergible, entonces Jester ordenó un último ataque. A toda velocidad sobre las burbujas dejadas por el U352 el Icarus lanzaría una última carga de profundidad. Tras la explosión no se supo nada más del U352. Jester, alarmado por la posibilidad de que en la zona hubiera otros sumergibles, ordenó alejarse de la zona a toda máquina.
Rathke vio alarmado como el Icarus se alejaba. Tras ametrallarlos, los americanos querían que se ahogaran. Para Jester, su misión era hundir sumergibles, él ya había hecho su trabajo. Antes de nada debía poner su buque a salvo y luego ya solicitaría ordenes sobre que hacer con los supervivientes.
El alférez (ensign) Pool empezó una serie de llamadas. Primero contactó con Norfolk: “Aquí el Icarus, hemos hundido a un sumergible enemigo, hay de 30 a 40 supervivientes en el agua, ¿podemos rescatarlos?”. No hubo respuesta. Después contactaría con Charleston, enviando el mismo mensaje. Pool esperó diez minutos y radio: “Tenéis algún mensaje para nosotros?”. Un minuto más tarde llegaría una escueta respuesta: “No”.
Ocho minutos más tarde, a las 1740, Pool trató de contactar con la comandancia del sexto distrito naval, el mensaje que radió fue el siguiente: “¿Puede el Icarus tomar prisioneros?”. No hubo respuesta. Desesperado, lo intentó de nuevo. El Icarus se alejaba cada vez más de los supervivientes del U352. “Aquí el Icarus, 32 supervivientes de un sumergible alemán están en el agua”, emitió, seguidamente dijo: “¿Podemos rescatarlos?”. Finalmente, a las 1749 llegaría la respuesta: “Rescaten a los supervivientes y llénenlos a Charleston”. Pool a toda velocidad avisó a Jester. El Icarus daba la vuelta.
Rathke vio al Icarus volver. De pronto se le ocurrió que quizás regresaban para rematarlos. Llamó a sus hombres para agruparse y ayudar a los heridos. Se empezaron a oír plegarias. Rathke sostenía a Reussel para que no se hundiera. Se encontraba muy mal pero aún vivía. Rathke les dijo a su tripulación: “Recordar vuestras órdenes, no le digáis nada al enemigo”.
El Icarus se acercó a los supervivientes y se detuvo. Utilizando su limitado inglés, Rathke preguntó si podían rescatar primero a los heridos. Esto se hizo. John Bruce cogió un barril de 55 galones y obligó a los prisioneros a dejar en él todas sus pertenencias. Rathke fue el último en subir a bordo. Bruce y el marinero John Freda ofrecieron su ayuda a Rathke, la cual rechazó de mala gana. Apartando a varios marineros Rathke se dirigió donde se encontraba Reussel. Se arrodilló junto a él y tomó su mano. “Todo es por la patria” le dijo. Reussel moriría a las pocas horas.

En el trayecto hacia Charleston, ocurrió un hecho sorprendente, varios tripulantes del U352 hablaban un poco de inglés y varios del Icarus alemán. Pronto empezaron las conversaciones entre ambos bandos, se iniciaron partidas de cartas y empezaron a llegar sandwiches desde la cocina. Poco a poco la tensión empezó a bajar, en todos excepto en Rathke. Los jóvenes tripulantes del U352 tenían asumido que se dirigían al país más rico del mundo, donde serían internados. Para ellos la guerra había acabado y ¡estaban vivos!.

El encargado de la farmacia, el marinero Kahn, hacia todo lo que podía con los heridos. Pero poco podía hacer por Reussel o por otros de los heridos más graves. Uno de los tripulantes del U352 perdió un brazo. El Icarus llegaría a Charleston el 10 de Mayo. El Leutnant Oscar Bernard agradeció la ayuda recibida y el trato de la tripulación del Icarus. Rathke rehuyó el gesto. Estaba muy enfadado con la tripulación del Icarus y sobretodo con el Lieutenant Jester. Su tripulación había sido ametrallada cuando se encontraba indefensa en el agua. Esto no lo haría nunca un comandante de un uboot. Rathke pensaba denunciar a Jester a las autoridades.
Una vez en tierra, Rathke se comportaría como todos esperaban que se comportara un Nazi. Orgulloso, arrogante y amenazando que cuando Alemania gane la guerra se iban a enterrar todos…
La tripulación del U352 fue trasladada a unos barracones donde les esperaban agentes de la inteligencia americana y británica para interrogarlos. Rathke hizo formar a sus hombres y marcharon en formación hacia su destino.

Por el hundimiento del U352, Maurice Jester recibiría la Cruz Naval (Navy Cross)…



Otro tema es el expolio sufrido por el U352 y sus tripulantes (se trata de una tumba de guerra)


26 Jun 2008 09:35
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com