Seguidamente, y en un acto cargado de sentimiento, se hizo la ofrenda floral por parte del Agregado Militar así como del representante de la Embajada, terminando el homenaje con una misa en alemán y castellano.
Finalizó el acto con unas palabras de los sacerdotes celebrantes, así como algunos cánticos religiosos, que pusieron la nota de color junto al quinteto de viento.
Al igual que en anteriores ocasiones, aprovechamos Javier y yo para rendir nuestro pequeño homenaje particular a los fallecidos, colocando en esta ocasión una rosa blanca frente a la lápida del marinero Johann Mayer, al que tomamos como representante de los submarinistas allí enterrados, quien con sólo 18 años murió en el desempeño de su deber, a bordo del U-77.
Sobre las 14 horas me despido de las autoridades allí reunidas, con la grata sorpresa de la invitación a comer con ellos.
Permanezco aún varios minutos en el lugar, junto a Javier, con el que hablo sobre algunos aspectos del homenaje, del cementerio y de nuestro proyecto histórico, quedando ambos en intercambiarnos información sobre algunos temas.
Como la hora de comer se acerca ya, me despido de Javier y me desplazo hacia el hotel en el que se celebrará el ágape.