La Guerra Submarina en el Caribe

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Anotaciones y complementaciones acerca del libro de igual título de G. T. M. Kelshall
Por Gerhard Sandner

En cuanto a la historia de la Segunda Guerra Mundial en América Latina todavía existen muchos vacíos. Para algunos aspectos y regiones aisladas existen contribuciones sueltas y dispersas pero todavía faltan documentaciones sistemáticas a gran escala (véase p. ej. Pommerin 1977; Humphreys 1981). Uno de estos vacíos fue llenado por Kelshall. «La Guerra Submarina en el Caribe» tiene como tema principal no solamente el desarrollo de los enfrentamientos bélicos, sino también interrelaciones complejas y sus efectos, que a diferencia de un eco que lentamente se pierde todavía no han terminado. Entre estas interrelaciones y sus efectos se destacan el destino de las islas holandesas y francesas bajo diferentes ocupaciones, los conflictos socioculturales provocados por las grandes bases militares que generan una transformación de las culturas locales en las islas, y la nueva valorización de determinados espacios regionales, como también de los pasajes marítimos entre las islas bajo el punto de vista estratégico, especialmente el interés de seguridad de los Estados Unidos.

I

Quizás en primer lugar la guerra submarina en el Caribe repercutió sobre la política de seguridad de los Estados Unidos y las medidas tomadas como consecuencia de ella. Esta política siempre era fuertemente orientada hacia el Canal de Panamá como un ojo de aguja altamente sensible, pero también era determinada por la protección de las rutas de transporte marítimo con el fin de asegurar suministros estratégicamente importantes de materiales vitales (véase Sandner 1990). Con la agudización de la Guerra Fría, ante todo después de la revolución en Cuba en 1959 y el revolcón en Nicaragua en 1979, la "SLOCinterdiction-capacity" (SLOC =Sea Lanes of Ocean Communication) jugó un papel importante en el pensar estratégico a gran escala. Después de 1959 y sobre todo después de 1979, el lado norteamericano se refirió repetidamente a la especial importancia del Mar Caribe para el abastecimiento estratégico de los Estados Unidos y la OTAN en caso de conflictos bélicos (también dentro de Europa). A este respecto, se aludió varias veces a la amenaza de este suministro por parte de submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, aunque generalmente de manera muy imprecisa. Enders (1982) habla de un «puñado de submarinos alemanes», sin embargo fueron casi cien los que operaban en el Caribe, por lo general en oleadas de 5 a 12 submarinos. La dimensión de la casi completa interrupción de los transportes vitales de petróleo y gasolina hacia Inglaterra y de los transportes de bauxita para la industria de aviación en Estados Unidos en 1942, generalmente no son mencionados, como tampoco la vulnerabilidad del sistema de transporte marítimo, concentrado en específicos focos estratégicos, los cuales fueron calificados por D5nitz como «nodos de transporte marítimo" (véase Donitz 1958, pág. 196) y por los americanos como «killing areas».

La sólo aparentemente escondida experiencia norteamericana a la cual pertenecieron también los errores, y la debilidades propias en 1942 y el shock que causaron las operaciones de naves de guerra enemigas en la desembocadura del Mississipi y en el alcance visual del Canal de Panamá, Guantánamo y la costa de Florida, contribuyeron a que el potencial de amenazas marítimas se convirtiera en un punto focal de la política de seguridad norteamericana. Aquí también debería buscarse el por qué los Estados Unidos tiene una posición muy crítica frente a una investigación sistemática de los enfrentamientos bélicos en el Caribe. Kelshall superó con su libro oposiciones existentes y presentó con base en un trabajo riguroso y documentos norteamericanos, británicos y alemanes un estudio sistemático que ofrece múltiples estímulos.

Gaylord Kelshall (nacido en 1940) era fundador y director del Comando de la Guardia Costera y de la División Militar de Helicópteros de Trinidad/Tobago. En 1976 se convirtió en experto de seguridad aérea y jefe de aeropuertos civiles del país. Su libro está escrito fluidamente y contiene 10 mapas (rutas de convoyes, ubicación de los submarinos en tres momentos diferentes, hundimiento de barcos y submarinos); perfiles longitudinales de las dos clases más importantes de submarinos, como también 24 fotos de bases militares, barcos y comandantes de ambos lados. El anexo contiene listas de todos los submarinos activos en el Caribe (según misiones y tonelaje hundido), de los submarinos de «mayor éxito» en total y según acciones de cada uno, de los comandantes de submarinos más importantes, de las bases en Francia, de las unidades aliadas de defensa y de las escoltas de los convoyes. Referencias bibliográficas, registros de los nombres de los barcos y un registro de materias y personas complementan la obra.

II

El 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque aéreo masivo de los japoneses contra Pearl Harbor, los Estados Unidos declararon la guerra a las «Potencias del Eje». El 9 de diciembre el comando alemán de la Guerra marítima levantó las restricciones existentes hasta entonces en cuanto al uso de submarinos frente a la costa oriental norteamericana y el mismo día D5nitz pidió el permiso para enviar 12 naves de la clase mayor a la costa de los Estados Unidos (véase Donitz 1958, pág. 195). Sin embargo, en la primera ola de ataques, denominada «Operación Golpe de Tambor», sólo pudieron participar 6 submarinos desde sus bases francesas en la Vizcaya. Ellos atacaron el 12 de enero en el sector de la costa entre el río St. Lawrence y el Cabo Hatteras y hundieron en el lapso de tres semanas, a veces dentro del alcance visual de la costa, en total 11 buques petroleros y otros 28 barcos.

Al mismo tiempo el comando alemán de la marina de guerra preparó la «Operación Tierra Nueva» concentrada en el área del Caribe. En la noche del 15 al 16 de febrero de 1942 tres submarinos atacaron en el lapso de tres horas en el Golfo de Venezuela, en Aruba y Curazao, hundiendo barcos y haciendo fuego sobre refinerías. En la tarde del 18 de febrero otro submarino atacó enfrente de la base de la marina estadounidense de Chaguaramas en Trinidad y en los días siguientes otros dos submarinos hundieron barcos al este de Trinidad y en la región Bahamas/ Cuba, complementado por acciones de submarinos italianos al norte y oriente del arco isleño del Caribe. La primera ola provocó la interrupción inmediata de los transportes marítimos, inclusive los viajes pendulares de buques petroleros pandos especiales entre el Lago de Maracaibo y las refinerías en Aruba y Curazao. La operación duró 28 días y produjo además del bombardeo de refinerías el hundimiento de 18 buques petroleros y otros 23 barcos comerciales, además de averiar otros 7 buques petroleros y 4 barcos.


Fig. 1: Areas de comando, focos de lucha y rutas de convoy en el Caribe.

La «Operación Tierra Nueva» tomó a los aliados de sorpresa, a pesar de que era conocido que la gran necesidad británica de abastecimiento con petróleo, gasolina y aceite para motores diesel (2-4 buques petroleros diarios), tenía que basarse sobre todo en el Caribe y por lo mismo tenía que ser protegida masivamente. Después de la firma del «Acuerdo sobre Destructores» en marzo de 1941, con el cual los Estados Unidos entregaron 44 destructores a la flota británica y seis a la marina canadiense en compensación por el derecho de construir bases militares en Great Exuma /Bahamas, Antigua, St. Lucia, Trinidad y la Guayana Británica, empezó una ampliación de las bases militares orientada inicialmente a la defensa aérea (véase Langer 1952; Langer/Gleason 1964). Precursores del «Acuerdo sobre Destructores» fueron los convenios entre Estados Unidos y Gran Bretaña a finales de 1939 sobre la cesión de bases de la marina en Trinidad, St. Lucia y Bermuda. Dentro de este marco también estaba prevista una base como punto de apoyo para hidroaviones cerca de la posterior base de Chaguaramas en Trinidad (Mucurapo Pasture, 7 ha), pero quedó vacante como las otras bases (véase Baptiste 1976a).
La «US/Caribbean Sea Frontier» se organizó alrededor de los tres centros principales, Panamá, Puerto Rico y Trinidad; más tarde se agregó Guantánamo (véase figura 1). En Trinidad se crearon en otoño de 1941 las grandes bases Fort Reid y Waller; a principios de 1942 se amplió la base combinada de marina e hidroaviones de Chaguaramas cerca de Puerto España y poco después siguieron los aeropuertos militares en Aruba ("Dakota") y Curazao ("Hato"). El objeto principal era la lucha contra los esperados ataques y aterrizajes de los bombardeos a larga distancia, lo cual correspondió a la orientación norteamericana en la amenaza primaria de una invasión alemana con la ayuda de los colonos alemanes en América Latina, de tono opuesto a la visión británica.
El primer ataque alemán dentro del marco de la «Operación Tierra Nueva» tuvo el efecto de un shock, ya que los militares norteamericanos inicialmente estaban convencidos que, debido al alcance de los submarinos alemanes, deberían existir bases secretas en el área del Caribe o un abastecimiento por barcos neutrales.


Fig. 2: Ataques de submarinos en el Caribe: Febrero a Marzo de 1942. Clickar en la imagen para ampiarla.
Apenas tres días después del primer ataque submarino el Trinidad Guardian preguntó en un artículo: U-boats operating from base in Caribbean?» (19 de febrero de 1942). Pocos días después, el mismo periódico afirmó: «Spain denies U-boat using Canary Islands» (26 de febrero de 1942). A pesar de que poco a poco se comprobó que el alcance de los submarinos sí permitía acciones en el Mar Caribe repetidamente surgieron durante la guerra rumores sobre bases secretas.
Parsons menciona informes correspondientes de San Andrés, Providencia y las Corn Islands frente a la costa de Nicaragua (véase Parsons 1985, pág. 148, donde son citadas sin embargo dos publicaciones del año 1940, lo cual parece dudoso).

A este contexto perteneció el «Caso Martinica» que ya al principio de la guerra submarina llevó a una agudización de las tensiones más fuerte entre los aliados y la administración de las Antillas Francesas, fiel al régimen de Vichy.
En la madrugada del 16 de febrero de 1942 el submarino alemán U- 156 bajo el mando de von Hartenstein hundió tres buques petroleros en el puerto petrolero San Nicolás en Aruba y bombardeó la refinería.

El ataque provocó una explosión del cañón a bordo, matando a un marinero y dejando a un oficial gravemente herido.


Fig. 3: Ataques de submarinos en el Caribe: Abril a Mayo de 1942. Clickar en la imagen para ampiarla.
Con permiso de la Dirección de la Marina Alemana, von Hartenstein hizo escala pocos días después en Martinica para llevar al herido a un hospital. La propaganda británica se aprovechó de esta acción, afirmando que el submarino fue aprovisionado en esta oportunidad con combustible. Esto provocó un bloqueo reforzado de Martinica, ya que aquí estaban ancladas numerosas unidades de la flota de guerra francesa, fieles al régimen de Vichy (véase Robert 1978; Baptiste 1977, pág. 233; Kelshall 1988).

Fig. 4: Ataques de submarinos en el Caribe: Junio a Agosto de 1942. Clickar en la imagen para ampliarla

Entre las consecuencias de la primera ola de ataques se destacó un viraje en la disputa británico-norteamericana respecto al sistema de convoyes, a favor de la posición británica, que prefirió los convoyes acompañados.A pesar de que hasta otoño de 1942 solamente estaba disponible menos de una cuarta parte de los buques acompañantes necesarios, desde marzo de 1942 se realizaron convoyes improvisados. Por esta causa se presentaron en los meses siguientes pérdidas considerables de buques en el espacio caribeño.
Pocas semanas después de haberse terminado la «Operación Tierra Nueva» se iniciaron una serie de oleadas de ataques que duraron hasta el final del año, marcando la primera y más intensiva fase de la guerra submarina en el Caribe (véase figuras 2 a 7).

Hasta finales de 1942, el 36% de todos los hundimientos de buques comerciales del mundo se efectuaron en el espacio caribeño, tomando en cuenta que, según el punto de vista alemán, el Golfo de México se consideró como parte del área de operación caribeña. Luego se produjo un complicado entretejimiento de estrategias de ataque (uso de submarinos en oleadas, aunque aquí sin técnica de manada) y medidas de defensa (rutas de convoyes y su desplazamiento, acoplamiento de reconocimiento, misiones de marina y de la fuerza aérea). Al mismo tiempo se desató una espiral de innovaciones técnicas por parte del lado alemán: desde abril de 1942 el uso de buques petroleros submarinos, después submarinos minadores y antiaéreos; por parte de los aliados: nuevos tipos de submarino, nuevas técnicas de detección y lazos de detectores con ubicación fija.


Fig. 5: Ataques de submarinos en el Caribe: Agosto de 1942. Clickar en la imagen para ampliarla

Fig. 6: Ataques de submarinos en el Caribe: Septiembre a Noviembre de 1942. Clickar en la imagen para ampliarla

En la primavera de 1943 cambió la situación. Con el uso de nuevas técnicas de detección y el hundimiento de los buques petroleros submarinos (a partir de junio de 1943) los aliados pudieron debilitar en forma decisiva las operaciones de los submarinos en el espacio caribeño.

De los 33 submarinos con misión caribeña entre mayo y julio de 1943, ya fueron hundidos 5 al salir de La Vizcaya, 6 en el Atlántico y 4 en el Caribe, 13 regresaron con averías muy grandes «sin éxito» y solamente 5 (con éxito) (en total 10 barcos hundidos y 4 averiados).
Submarinos solitarios seguían penetrando al Caribe y el último abandonó el área en agosto de 1944.

La tercera fase de la guerra marítima en la costa americana se desarrolló frente a Brasil, con prolongación hacia la «ruta de la bauxita» frente a las costas de las Guayanas.
En total, según cálculos de Kelshall, 96 submarinos alemanes y 6 italianos participaron en 152 incursiones, en la zona de guerra caribeña; de éstos 16 fueron hundidos dentro del área y 8 en el viaje de regreso.
En la zona de guerra fueron hundidos en total cerca de 400 barcos comerciales y otros 56 fueron seriamente averiados, entre estos muchos buques petroleros y barcos de bauxita.
Las víctimas verdaderas eran los marineros de los barcos comerciales, desde el buque petrolero gigante hasta el pequeño bote pesquero costero.


Fig. 7: Ataques de submarinos en el Caribe:  Diciembre de 1942 a Julio de 1943. Clickar en la imagen para ampliarla
III

El libro de Kelshall está centrado en la descripción detallada de las acciones sobre las cuales se informa a veces día por día, basándose en fuentes alemanas, británicas y norteamericanas. Kelshall se esfuerza en evitar la jerga de los corresponsales de guerra, pero en algunas partes, sin embargo, se nota cierta admiración por las acciones valientes/atrevidos/intrépidos/bien hechas respecto a los capitanes de los submarinos alemanes, un poco más que respecto a las acciones de aviadores y capitanes norteamericanos. Aquí se reflejan las fuentes y especialmente los resúmenes usados y aquí está también la desventaja de una descripción verbal con la inclusión de hechos en orden cronológico frente a una documentación con un relato seco de los hechos. El lector tiene que leer a veces entre líneas o desarrollar combinaciones propias, por ej. según regiones o submarinos.
Frente a estas acciones bélicas, las interdependencias y las causas se vuelven secundarias. Aquí todavía hay mucho que investigar. Por ejemplo este es el caso en cuanto a los efectos de la guerra en Europa sobre las Antillas Holandesas (remitiendo aquí al pequeño estudio de Bustamante 1980) o sobre las Antillas Francesas. Como complemento se remite aquí al libro del Almirante Robert, 1978, quien en nombre de la flota francesa estacionada en Martinica tenía contacto con el régimen de Vichy y quien provocó el bloqueo estadounidense de las islas francesas, ejecutado desde noviembre de 1942 (véase también Baptiste 1976b y 1977).
Como complemento de la descripción de Kelshall he elaborado una serie de mapas con base en su cronología detallada de los hechos, de los cuales algunos se reproducen aquí. Se debe considerar que las rutas de los distintos submarinos son esquematizadas, y que no se presentan los rizos y líneas en zig zag, ya que solamente se dejan localizar por medio de los distintos libros de navegación (posiblemente con vacíos). Por razones de la claridad para la lectura se prescindió, después de varios ensayos, de incluir nombre, tamaño, nacionalidad y clasificación de los barcos hundidos, lo cual es lamentable especialmente en cuanto al porcentaje de buques petroleros y barcos de bauxita. Por lo menos la pequeña serie de mapas en su fuerte reducción visualiza un modelo espacial de cada ola de ataque y de la situación en su totalidad.
Como otro complemento se debe remitir al destino del «Magallanes», no mencionado por Kelshall, aún cuando esto pueda aparecer demasiado autobiográfico. Este barco español de pasajeros, originario de Bilbao, realizó durante la guerra transportes de emigrantes en ambas direcciones sobre el Atlántico, lo mismo que embarcaciones suecas y otros buques de pasajeros, con todas las luces prendidas y además bien marcado con gigantescas banderas españolas pintadas a ambos lados y sobre la cubierta superior. Uno de estos transportes zarpó el 16 de febrero de 1943 de Puerto Barrios (Guatemala) con cerca de 360 mujeres y niños alemanes rumbo a Europa. Yo estuve como catorceañero a bordo; las familias fueron obligadas a abandonar el país, ya que los padres de familia eran deportados hacia los Estados Unidos y una eventual liberación sólo era posible con destino a Alemania. El barco tuvo que hacer escala en Puerto España (Trinidad) y fue retenido, del 23 al 27 de febrero, frente a la gran base estadounidense de Chaguaramas, con encierro de los pasajeros en las cabinas y con control y confiscación parcial del equipaje. Como se dijo, el transporte iba a ser incorporado en un gran convoy compuesto por cerca de 40 buques petroleros con el destino norte de Inglaterra (lo cual necesita todavía una comprobación especial). Sin embargo, el capitán salió antes de que zarpara el convoy (también aquí se deben examinar todavía las circunstancias) y el 10 de marzo el «Magallanes» llegó a Lisboa. En el mes de marzo de 1990 consulté en Puerto España el periódico Trinidad Guardian del tiempo correspondiente, pero no encontré ninguna noticia referente al «Magallanes». No obstante en la edición del 19 de febrero de 1943 se dice en relación con el hundimiento de un barco pesquero frente a la costa venezolana: «The Germans apparently have started their long awaited renewal of the submarine campaign in the Caribbean». En la documentación de Kelshall se confirma esta apreciación y se aclara al mismo tiempo que los norteamericanos en aquella época continuaban suponiendo una colaboración de barcos españoles con submarinos alemanes.
Otras complementaciones sólo serán indicadas aquí. La primera se refiere a las consecuencias económicas de la guerra submarina sobre las islas y costas, que en partes se manifiestan en la historiografía y memoria local. Pruebas al azar en los archivos de prensa de esa época suministran abundantes puntos de partida para una descripción detallada, en la cual deberían ser incluidas, al lado de las limitaciones a la importación y exportación, también el perjuicio de los tradicionales intercambios entre las islas por medio de los «Island Trampers» y las consecuencias para los respectivos grupos de la población. Casi todos los informes remiten a la escasez y el encarecimiento de precios de los alimentos básicos, los intentos por conseguir materias alternativas para el abatecimiento básico y las dificultades en obtener repuestos. Donde existieron grandes bases militares, se generó una demanda considerable de mano de obra local, la cual se empleó parcialmente en trabajo por turnos en los proyectos de construcción. Las consecuencias eran, entre otras, la disminución de la agricultura tradicional y un mayor costo de la vivienda. La circulación monetaria creció notablemente con consecuencias para el comercio interno y los hábitos de consumo (para St. Lucia véase Francis 1979; para Dominica véase Honychurch 1984).
Las infraestructuras creadas para las bases militares se entregaron, en parte intactas, a los gobiernos locales, aunque en muchos casos tan sólo en los años sesenta. En St. Lucia, por ejemplo, se entregaron carreteras bien construidas, el gran hospital, las plantas termoeléctricas de las dos bases militares y ante todo el aeropuerto de Vieux Fort, el cual ofreció a la isla buenas condiciones para arrancar con el turismo de larga distancia. En Chaguaramas (Trinidad) se ubica hoy el club de yates, la división de investigación y educación pesquera, dos grandes muelles para el embarque de bauxita, un astillero para reparaciones, una base militar trinidiana y un balneario utilizado por la población local.
De igual importancia es la relación, en muchos casos tensionada, entre la población isleña y costera y las nuevas bases militares con su personal y su infraestructura compleja. También aquí la prensa local ofrece un material amplio, aunque es necesario analizarlo con cuidado en cuanto a su integridad y confiabilidad por causa de la censura. Esto rige también para las abiertas disputas entre los gobernantes británicos y militares estadounidenses, no solamente existentes en Trinidad, con consecuencias hasta los tiempos después de la guerra (para Trinidad véase Robinson 1971, pág. 50 hasta 55 y ante todo Williams
1964, pág. 267 hasta 276; para St. Lucia véase Francis 1979).
Sobre otra consecuencia me informó W.D. Sahr (Tubingen), un buen conocedor de St. Lucia. Se trata de la incorporación folclórica de la experiencia «Guerra» en el carnaval de St. Lucia. Aquí un grupo disfrazado de manera espectacular («Band») encarna al caso «Umtata» incluyendo una explosión violenta y soldados alemanes y británicos simbólicamente presentados (véase James 1988). St. Lucia era el puerto más importante de almacenamiento de carbón en el Caribe. Ya en 1941 se construyeron dos grandes bases militares estadounidenses, Gros Islet cerca de la ciudad capital y Portuaria Castries para la marina y los hidroaviones, y Vieux Fort en el sur de la isla para la Fuerza Aérea con un gran aeropuerto y un puerto marítimo de aguas profundas.
Poco antes de la media noche del 11 de marzo de 1942, el submarino U-161 procedente de una acción en el Golfo de Paria/Trinidad, penetró a la bahía del puerto de Castries, la cual es en parte muy panda y tiene un ancho de sólo 200 m pero 2 km de largo y hundió por medio de torpedos al barco de pasajeros canadiense «Lady Nelson» que viajaba en la ruta Halifax-Guayana Británica y al barco de carga británico «Umtata», atracado al muelle con el fin de descargar. El estrecho puerto quedó bloqueado por los barcos hundidos. La llegada de la guerra sacudió a la pacífica y bien iluminada ciudad en forma de violentas explosiones en los barcos averiados. El recuerdo de este acontecimiento está vivo hasta hoy en día como elemento importante en la historia de la isla. Sin embargo, el incidente se amplía cada vez más en todo sentido: James dice en un artículo de periódico (1988) «hundreds of lives were lost», mientras que Francis menciona en su trabajo de grado (1979) 20 muertos y 19 heridos basándose en investigaciones detalladas.
Forman, finalmente, parte de las complejas consecuencias de la guerra submarina en el Caribe las disputas políticas por las bases militares norteamericanas mucho tiempo después del fin de la guerra. Como ejemplo solamente indicamos aquí la base de Chaguaramas en Trinidad. El «Acuerdo sobre Destructores» de 1941 dio a los Estados Unidos por 99 años una plena soberanía, inclusive de justicia, sobre las bases militares y el espacio aéreo y marino correspondiente. Esto tenía que provocar dificultades en el curso de las aspiraciones independentistas.
Dentro del marco de las negociaciones para la fundación de la West Indian Federation a principios de 1957, se decidió ubicar la capital de la nueva federación, en Trinidad. El comité directivo resolvió en mayo de 1957 destinar como lugar para la nueva ciudad capital Chaguaramas, ubicado en la península al noroeste de Puerto España y exigió de los Estados Unidos la devolución del terreno. Los Estados Unidos lo rechazaron tal como la Gran Bretaña. A lo largo de los años se desarrollaron amargos enfrentamientos durante los cuales las diversas fracciones políticas de Trinidad manifestaron posiciones básicas divergentes en cuestiones de la independencia y de aptitud económica, como también intentos de los dirigentes políticos de perfilarse (véase a este respecto Parris 1976; complementado por Williams 1964 pág. 259 hasta 261 y Robinson 1971, pág. 32 hasta 35). Los Estados Unidos afirmaron que habían invertido más de 70 millones de dólares en el lugar y habían instalado aquí radares especiales para la detección de cohetes sobre toda la costa oriental de Sudamérica, la costa occidental de Africa y partes de la costa occidental del Océano Indico. A fines de 1960 se logró finalmente un acuerdo según el cual los Estados Unidos devolvía una parte de la base de Chaguaramas (85 km2 de superficie) de inmediato y los demás territorios 17 años más tarde. Al mismo tiempo Trinidad/Tobago recibió una amplia ayuda económica y técnica, lo cual facilitó el arranque de la independencia (1962).
Este entretejimiento de movimientos de independencia y nuevos conceptos militares estratégicos en relación con la Guerra Fría y tecnología de cohetes, no tiene que ver directamente con la guerra submarina en el Caribe. Pero fueron en Trinidad, como en otras partes, los mismos lugares que seguían ejerciendo sus efectos en el nuevo contexto. Quedaron vivos reflejos de un pasado que en verdad aún no ha pasado y continúa, pues, un entretejimiento de referencias en diferentes escalas dentro de las cuales los conceptos e intereses ajenos mantuvieron su predominio frente a las necesidades y esperanzas locales e insulares de la gente.

Bibliografía

Nota:Los trabajos aquí mencionados y citados en el texto, no son mencionados en el libro de Kelshall)

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