La captura de Enigma.
Mayo de 1941. La marina de guerra alemana hace estragos entre los convoys aliados. El alto mando aliado no puede hacer nada para protegerse de los mortales submarinos alemanes. Pero todo esto cambió el 9 de mayo de 1941.
Los aliados no tenían defensa posible frente a esta nueva arma y sus tácticas. Nunca se podía saber donde y en que momento aparecería un submarino para atacar a los convoys que tanta falta hacían a Inglaterra. La clave de la inteligencia británica era la descodificación de los mensajes cifrados que unían a los lobos grises de Dönitz y su cuartel general. Pero Enigma no dejaba mostrar sus secretos.
La táctica de las manadas de lobos consistía en desplegar un gran abanico de submarinos, para tener mas oportunidades de localizar a los convoys en su ruta transoceánica. En cuanto un submarino detectaba un convoy, se advertía al cuartel general de Dönitz, el cual reorganizaba su flota de submarinos, y los enviaba a todos a por el convoy. Nadie disparaba un torpedo hasta que estaban reunidos el mayor numero de submarinos posible.

En ese momento, se esperaba al anochecer para infiltrase entre los destructores, y atacar a los indefensos transportes, haciendo estragos entre los buques. Esta táctica demostró sobradamente la efectividad de los submarinos en manadas, y la importancia de las comunicaciones. De ahí la imperiosa necesidad de los aliados de penetrar en Enigma y desvelar sus secretos, ya que era la única forma de esquivar a las manadas de lobos.

Fue el día 9 de mayo, un día tranquilo y soleado cerca de las costas de Groenlandia, cuando el U-110 (un submarino tipo IX), comandado por Fritz Julius Lemp, divisó un convoy, escoltado por 3 destructores. Se trataba de un convoy lento (8 nudos) el Outbound 318, una presa fácil en teoría, pero Lemp nunca imaginó el desenlace de la jornada. Fritz ordena inmersión a nivel de periscopio, pone rumbo al convoy, y mediante una maniobra consigue esquivar a los destructores, que aun no han detectado su presencia, y se sitúa en posición de disparo. Lanza una salva de torpedos. Al cabo de unos instantes, se oyen los resultados: dos buques tocados, y heridos de muerte.

Fritz se siente orgulloso, pero ahora los destructores, ya están enterados, y bastante molestos, pues han explotado dos de sus transportes. Rápidamente cambian de dirección hacia la posición donde se supone que está el submarino, y lanzan sus cargas de profundidad. Toda la tripulación del U-110 contiene el aliento. Las cargas explotan muy cerca. Los daños son severos. La integridad del casco se ha visto comprometida, el agua ha entrado en las baterías, generando cloro al contacto con los ácidos de estas, y haciendo peligrar la vida de toda la tripulación. La situación es muy grave: si permanecen sumergidos, el submarino acabará por hundirse, o tal vez mueran envenenados. Si salen a superficie, los escoltas abrirán fuego, pero aun pueden rendirse y salvar a la tripulación.

Lemp debe tomar una drástica decisión en un tiempo muy corto. Finalmente decide salir a superficie, para poder salvar a su tripulación. Se preparan cargas explosivas para hundir el submarino, y que no caiga en manos enemigas. Los tripulantes del Bulldog, el destructor ingles, no dan credito a lo que ven, el submarino emerge, y es abandonado por toda la tripulación. Hay fuego cruzado de los destructores. Finalmente todos abandonan el submarino, y el comandante del Bulldog se da cuenta de que esta puede ser la oportunidad para abordar por primera vez un submarino alemán. Una lancha se dirige a la nave moribunda, y Fritz, después de un rato se da cuenta de que el submarino no explota. ¡¡ Las cargas han fallado !!.

Rápidamente se da media vuelta y nada para abordar el submarino, pero es alcanzado por una bala, quizás disparada por la lancha inglesa. El comandante del Bulldog en persona sube al U-110, y consciente del riesgo que entraña adentrarse en el submarino, entra en sus profundidades. Podría haber alguien todavía allí, o podrían explotar las cargas e irse a pique. Se da una vuelta de proa a popa, y al ver que el submarino esta desierto, llama al resto del comando y abordan el submarino. Ya saben lo que tienen que hacer allí dentro, y rápidamente cogen todos los libros de códigos, mensajes cifrado, mapas, y una extraña caja de madera que contiene una especie de maquina de escribir. Después de subir al destructor, se intenta remolcar el maltrecho U-110, pero se escora por popa, hasta que finalmente se hunde.

El HMS Bulldog y el U110

La tripulación superviviente, fue mandada a campos de prisioneros en Canadá, donde se les hizo creer que el U-110 se hundió con todos sus secretos a bordo. A toda la tripulación del Bulldog, se le ordeno un estricto silencio sobre lo que había ocurrido ese día. Todo el material fue enviado a Bletzly Park, donde el programa Ultra no podía creerse lo que le habían mandado ¡¡tenían los códigos alemanes de comunicaciones secretas, los mapas donde operaban los submarinos!! ¡¡ y tenían la propia maquina Enigma!!. Era un éxito atronador. La inteligencia británica ahora escuchaba los mensaje alemanes como si los radiara el propio Winston Churchill. Tenían el arma secreta que cambiaria el rumbo de la batalla del Atlántico. A partir de ese momento, los convoyes eran capaces de esquivar las manadas de lobos. Sabían de antemano donde estaban los submarinos, con lo que las cifras de tonelaje hundido empezaron a disminuir. Dönitz no comprendía como sus submarinos no eran capaces de encontrar los convoys, y tampoco entendía como sus lobos grises eran cazados con mayor frecuencia.

Se inició una serie de investigaciones al respecto, pero al fin solo se llego a la siguiente conclusión: "O el código Enigma ha sido descubierto (lo cual esta fuera de toda duda), o alguien esta pasando información al exterior". Se llevaron agentes a los bares donde se reunían los tripulantes, y se interrogo a las mujeres de mala vida para descubrir si estas eran espías, o si los submarinistas contaban secretos en la alocada vida en tierra. Nunca se tomo en consideración que Enigma había sido profanada. Dado lo infructuoso de la operación, Dönitz se dirigió a su segundo, le miro a los ojos y le dijo: "tenemos que haber sido o tú o yo".

A partir de este momento la guerra cambió su curso, en muchos frentes. Las comunicaciones entre los ejércitos de Hitler se basaban en mensajes cifrado por Enigma, así que la inteligencia aliada tenia acceso a los secretos de los alemanes. En África, donde los ingleses hundieron todos los convoys que viajaban por el Atlántico para abastecer el Afrika Korps, lo que conllevó a la fatídica situación que empezó en la batalla de El Alamein, y acabo en Túnez. O en la batalla de Kursk, donde los aliados avisaron a Stalin de las grandes concentraciones de blindados, y donde Zhukov tuvo el tiempo necesario para preparar la defensa, o en multitud de operaciones donde Enigma era la clave de la sorpresa y de la inteligencia alemana. Pero donde más se notó fue en la batalla del Atlántico, donde los submarinos alemanes pasaron de ser cazadores, a ser presas.

Es increíble pensar que este incidente tan aislado y en el que tomo parte tan poca gente, pudiera hacer cambiar el curso de una Guerra Mundial, pero fue así. Independientemente del poderío militar, o de la genialidad de los mandos, los aliados tenían un arma secreta que les aseguraba la victoria. Pero la arrogancia de los altos mandos alemanes permitió a los aliados explotar esta ventaja sustancial sobre sus enemigos.

El secreto de esta operación fue asombroso. Nadie, a excepción de los implicados, y de los que trabajaban en el programa Ultra, sabían del U-110, y de la captura de la maquina enigma. Fue hasta tal punto un secreto estrictamente guardado, que hasta 1959 no fue sacado a la luz publica. Muchos alemanes, incluido Dönitz, no daban crédito a lo que oían. No podían creer que Enigma, el código indescifrable, había sido descubierto.